Y allá se fué la peregrina de la colla, con la mochila cargada con los pecados de todos los miembros, a implorar el perdón de Santi. Infructuoso fue su empeño, parece que era tan pesada la carga que el Santo no se quiso hacer cargo.
Nos queda el consuelo de estos versos de Machado que recitaba la peregrina por los campos de Castilla.
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.
En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
ya no siento el corazón."
Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.
La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.
Mi cantar vuelve a plañir:
"Aguda espina dorada
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada."